Bueno, pues fin de un ciclo, así como suena. Y casualmente han pasado ocho meses desde que empecé esta historia del blog (Parece que este número se ha convertido en una lacra para mí, pero...) En fin al grano. Lo cierto es que he decidido cerrar Hijos de las sombras, una vez alguién a quien considero una buena amiga y que me ayudó en el pasado más de lo que puedo expresar con palabras me dijo que mucha gente utilizaba las lecturas para acumular odio, y no le di mucho crédito la verdad, no podía creerlo simplemente, pero me he dado cuenta de que es cierto. Al abrir estas páginas, a modo de exorcismo he de decir, cometí el error de dar mi dirección a gente de carne y hueso, gente que consideraba amigos, es evidente que mi idea de amistad difiere mucho de la realidad, me he cansado de las traiciones, de la hipocresía y de los ojos acuosos detras de gruesas lentes inyectados en sangre que me observan. Tal vez algún día regrese, cuando las aguas del tiempo hayan diluido los recuerdos y todos estos vouyeres del odio hayan relajado su mirada obsesiva y sus respectivos esfinteres, por supuesto ya no sere Ícaro, me he cansado de volar y de tratar de alcanzar un sol imposible, que aliado con el asqueroso cupido me quema una y otra vez estas alas de cera frágiles y estupidas que un día tejí.
Así, una vez liberado de este lastre, mi regreso traera consigo aquellas cosas que no pude contar condicionado por esas amistades fariseas y contare la verdadera historia de un Ícaro que jamás pudo alzar el vuelo, y es posible que alguno de vosotros se sorprenda ( Pitima, por ejemplo...) ya que en ella aparecen implicados algunos individuos que envueltos en su manto de mentira, son más apreciados y su falta sería sin lugar a dudas más llorada de lo que será la mía.
También me gustaría dar las gracias a todos aquellos que me habéis leido en alguna ocasión, y mi intención inicial era exponer uno a uno aquello que habéis significado para mí, pero me he cansado de ésta eterna agonía que una y otra vez me hunde el barro más miserable, pero creedme, todos los nombres que aparecen a continuación y aún sin saberlo, han significado para mí mucho más que mucha, mucha, mucha gente, a la que alegremente les apliqué el término maldito de amigo o amiga.
PITIMA, EGO, DARK, ARENAS, VERMELLA, PROMETEO, HADEX, ED, DUCKLAND,MEN,KERR Y ALGÚN NOMBRE MÁS QUE POSIBLEMENTE ME DEJO EN EL TINTERO SIN MALA INTENCIÓN POR SUPUESTO, A TODOS : GRACIAS GRACIAS GRACIAS....
FIN
This is the end, my only friend, the end...
miércoles 24 de septiembre de 2008
jueves 28 de agosto de 2008
LA LEYENDA DE ABRAHEL. III
Desperté a la mañana siguiente con las primeras luces del alma, desconcertado y confuso, mire a mi alrededor, las ropas revueltas de la cama, las cicatrices sonrosadas de labios mortecinos, marcadas en la piel, los profundos surcos arados en mi espalda por uñas de mármol, y una violenta e implacable erección, eran los testigos certeros que me decían que los hechos acaecidos al amparo de la noche,¡ eran reales y no! Aquellos ilusorios sueños que la profunda pena, una vez había tejido en el pasado. Me levanté presa de una febril excitación por ese suceso extraordinario, los miembros debilitados, desoyendo mi llamada, cedieron al peso del mezquino cuerpo y se derrumbaron quejumbrosos en un mísero suelo de madera gastada. Una sensación de inmenso sopor y cansancio se había apoderado de mí, atenazado por esta fría mano, desperté a mi hijo que aun dormía, y con gran esfuerzo e incapaz de concentrarme prepare para las tareas diarias a mi hijo, y después de almorzar, nos dirigimos con el ganado a los prados altos. Me hallaba terriblemente cansado, y la propia voz de mi hijo, antaño melodiosa y dulce se había convertido en un quejido herrumbroso y chillón, que me apartaba de mis propios pensamientos, solo podía esperar la noche y hallarme de nuevo postrado en el lecho a merced de mi bella amada, y mi hijo solo era bruma tan irreal para mi como los sueños no cumplidos. El paso de las horas se hacía interminable, cada grano de arena era una dura roca que se desprendía en los abismos sin fondo del reloj, y golpeaba con angustia palpitante en mi pecho. Mis ojos oteaban ansiosos las cimas del oeste, suplicando a las altas cumbres que se alzasen para ocultar el radiante astro, e invocando a las sombras que envolviesen su luz en el negro manto nocturno. Finalmente, el sol cedió al envite de la noche y regresamos al hogar con renovadas y asombrosas energías, Erik apenas podía seguir mis pasos acelerados, pero yo no cedí a su esfuerzo desesperado, yo, insensato aún espoleé más al ganado con mis gritos obscenos y mi vara combada para cubrir cuanto antes la distancia, que me separaba del lecho en el que se vendía mi alma en los brazos de mi amante nocturna. Al llegar a casa limpie toscamente las heridas que las piedras del camino habían infligido en mi hijo, y olvidando su alimento , lo acosté apresuradamente, y alcanzando por fin la hora tan ansiosamente esperada me retire a dormir, era el tiempo en los que los sueños se hacían reales y el amor se materializaba de forma nítida, y ahora lo se , también fatídica. De nuevo apareció mi amada, envuelta en las finas gasas de un sudario que había cambiado su siniestra esencia mortuoria, por otra de una delicada sensualidad y bellezas indescriptibles. Cada vez más débil y apagado, mis días se sumergían en imaginarias evocaciones de la noche pasada, y mientras, las ovejas languidecían por el hambre en agotados prados, o sucumbían descarriadas en profundos barrancos por culpa de mi desidia. Pero poco deben importaros las penurias de las bestias, ya que sacrificaría a cada una de las ovejas de la tierra con mi cuchillo, a ese ,y aún sabiendo que no me escucharía, que llamáis cínicamente el Buen pastor. Pero yo digo: ¿ Qué pastor es ese qué nos deja al acecho de los lobos nacidos de nuestra propia condición humana?. A merced de los lobos que vagan por las montañas de nuestra alma y nos devoran con sus fauces de terribles pasiones, nos persiguen por los estrechos desfiladeros del corazón, y nos despeñan en las escarpadas e hirientes rocas. ¡Maldito Pastor! Te maldigo y al mismo tiempo clamo tu perdón, no para mí, pues reconozco mi condena, sino para mi hijo, el desgraciado inocente que sufrió las terribles consecuencias de mis bodas de sangre. El que sintió la garra acuciante del hambre por mi desidia, la mordedura sangrante de la indolencia y el olvido en mis labios sellados, él fue el inocente sacrificado por mi perfidia. Y así fue durante seis días y seis noches más, y a la octava noche, cuando el sueño ansiado hizo su presencia, una vez más la imagen de mi amada se hizo tangible, aunque su imagen era difusa, parecía cubierta de un invisible velo y sin embargo presente, que dibujaba una figura onírica que permanecía prendida a este mundo por un fino hilo gastado, débil y quebradizo; el miedo se apoderó de mi, el terror de perderla otra vez se volvió inmenso, invadió todas las entrañas de mi cuerpo, y cuando la desesperación que traía consigo, llamaba a las puertas de mi alma, la imagen de mi amada me habló por primera vez, para decir unas palabras malditas y abrirme las puertas del infierno de par en par, que yo, necio e insensato cruce con paso firme.
- Escúchame bien Pierrot, pues mi tiempo casi ha expirado y he de regresar al frío reino de la muerte al que pertenezco. Aunque no tendría por que ser así, pues tu mano es la que me sustenta en esta tierra y el calor de tu cuerpo da calor a mi ser. Fueron tus llantos los que atravesaron la dura roca de estas montañas, fueron tus lagrimas las que lamieron mis pies, mezcladas con el agua cristalina de los etéreos arroyos del alma humana, y fue tu deseo el que voló desesperado por encima de imponentes montañas más allá del reino de la muerte, trayendo a mis oídos el canto terrible de la desolación y la desesperanza, al que acudí envuelta en la niebla de los sueños. Ahora por tu mano, y por el filo de tu cuchillo de pastor, podre habitar para siempre a tu lado, cambiando los sueños por materia y las siluetas por la carne, pero solo tú puedes traerme. ¿Harás lo qué te pido Pierrot?
- Sí. Daría el mundo si fuera preciso, y arrancaría mi corazón sangrante con las manos desnudas, para tenerte de nuevo a mi lado. Pero... Decidme, y tu voluntad, cualesquiera que sea, sera cumplida por mi mano a ti vencida.
- Esta bien Pierrot, pero no es tu corazón el que reclamo, el que ya se como mio, sino el de tu hijo, ha de ser la sangre pura e inocente que corre por sus venas las que cierre el circulo. Toma tu cuchillo y entrega tu ofrenda en nombre de Abrahel. ¡ La sangre Pierrot! ¡ Vierte la sangre de tu hijo, y todos tus deseos se verán cumplidos!
¿Cómo podría describir la locura qué se apodero de mí? Y más aun, ¿Como podría alguien entender la terrible ansia irracional que me dominaba? Las antorchas de mi corazón incendiado languidecían en sus mortecinas luces, proyectando las terribles sombras en mi alma del miedo a volver a sentir el dolor inmenso de su perdida. Cobarde, cegado; como la oscura sombra de un impío patriarca, desolado pero firme en medio del terrible desierto en el que naufragué, alcé el cuchillo que se hundió ahogado fuertemente en el pecho del inocente. No dudé, ni un solo temblor se interpuso entre victima y verdugo, ningún pensamiento de compasión acudió a detener la mano que caía, fui "tan solo" presa de mi obscenidad, y mi propio egoísmo reclamando a los siervos de la muerte, fue escuchado por el peor de ellos, por Abrahel, la reina de los súcubos, la cosechadora de almas que con la guadaña de la lujuria y el deseo, siega las espigas del amor que germinan doradas en los corazones de los hombres, para alimentar las almas de los condenados que gritan en el infierno. Fui seducido por el demonio que cegó mis ojos con el velo de las sombras, y arropado en el frío seno de Abrahel dormí complacido e inconsciente de mis actos.
- Escúchame bien Pierrot, pues mi tiempo casi ha expirado y he de regresar al frío reino de la muerte al que pertenezco. Aunque no tendría por que ser así, pues tu mano es la que me sustenta en esta tierra y el calor de tu cuerpo da calor a mi ser. Fueron tus llantos los que atravesaron la dura roca de estas montañas, fueron tus lagrimas las que lamieron mis pies, mezcladas con el agua cristalina de los etéreos arroyos del alma humana, y fue tu deseo el que voló desesperado por encima de imponentes montañas más allá del reino de la muerte, trayendo a mis oídos el canto terrible de la desolación y la desesperanza, al que acudí envuelta en la niebla de los sueños. Ahora por tu mano, y por el filo de tu cuchillo de pastor, podre habitar para siempre a tu lado, cambiando los sueños por materia y las siluetas por la carne, pero solo tú puedes traerme. ¿Harás lo qué te pido Pierrot?
- Sí. Daría el mundo si fuera preciso, y arrancaría mi corazón sangrante con las manos desnudas, para tenerte de nuevo a mi lado. Pero... Decidme, y tu voluntad, cualesquiera que sea, sera cumplida por mi mano a ti vencida.
- Esta bien Pierrot, pero no es tu corazón el que reclamo, el que ya se como mio, sino el de tu hijo, ha de ser la sangre pura e inocente que corre por sus venas las que cierre el circulo. Toma tu cuchillo y entrega tu ofrenda en nombre de Abrahel. ¡ La sangre Pierrot! ¡ Vierte la sangre de tu hijo, y todos tus deseos se verán cumplidos!
¿Cómo podría describir la locura qué se apodero de mí? Y más aun, ¿Como podría alguien entender la terrible ansia irracional que me dominaba? Las antorchas de mi corazón incendiado languidecían en sus mortecinas luces, proyectando las terribles sombras en mi alma del miedo a volver a sentir el dolor inmenso de su perdida. Cobarde, cegado; como la oscura sombra de un impío patriarca, desolado pero firme en medio del terrible desierto en el que naufragué, alcé el cuchillo que se hundió ahogado fuertemente en el pecho del inocente. No dudé, ni un solo temblor se interpuso entre victima y verdugo, ningún pensamiento de compasión acudió a detener la mano que caía, fui "tan solo" presa de mi obscenidad, y mi propio egoísmo reclamando a los siervos de la muerte, fue escuchado por el peor de ellos, por Abrahel, la reina de los súcubos, la cosechadora de almas que con la guadaña de la lujuria y el deseo, siega las espigas del amor que germinan doradas en los corazones de los hombres, para alimentar las almas de los condenados que gritan en el infierno. Fui seducido por el demonio que cegó mis ojos con el velo de las sombras, y arropado en el frío seno de Abrahel dormí complacido e inconsciente de mis actos.
miércoles 6 de agosto de 2008
LA LEYENDA DE ABRAHEL. II
Lloré amargamente, derramando torrentes de tristeza y desconsuelo que empapaban inmisericordes el cadáver de mi esposa. Sollocé en mitad de la noche, y mis gritos desolados estremecieron las altas cumbres, que temblaron presas de mi angustia. Era tan grande el dolor que me invadía, que ni el más profundo de los mares podría ahogar mis penas, ni el mayor de los abismos acoger mi desesperación ante la implacable muerte de mi amada. Sin embargo, como la primera luz del alba, un débil llanto se abrió paso entre los míos, dirigí mis ojos empapados en lagrimas,hacia ese llanto que se unía al mío, y vi el desvalido fruto de nuestro amor, lo cogí en mis brazos temblorosos, lo abracé contra mi pecho palpitante y las lagrimas de tristeza, se mezclaron con las lagrimas emocionadas del padre primerizo. Los años pasaron, y mi hijo al que llamé Erik en recuerdo de su difunta madre, creció sano y fuerte en los paisajes de puro verdor, de las maternales montañas que nos acogían como dos desvalidos; poco a poco su carácter alegre y su gran dulzura, fueron cicatrizando en mí las heridas de la muerte,con su balsámica sonrisa, y como Erika había dicho en su último aliento, en los profundos ojos azules de mi hijo, en los rizos indomables de sus cabellos, y en la imborrable sonrisa cincelada en sus labios, ella seguía viviendo, compartiendo nuestras penas y nuestras alegrías, y soñando con nosotros bajo la luz de las inmensas estrellas de la montaña. Pero por la noche cuando los ojos negros de Erik, y el sueño arropaba su boca con el manto del silencio, la soledad de mi lecho traía a mí los dulces, y sin embargo amargos,por saber que no volverían, recuerdos de la esposa amada. Fueron muchas las noches de soledad y melancolía, e incontables las largas horas en vela bañadas en sal. Hasta que una noche, que ahora maldigo y aborrezco,con la misma y feroz intensidad que esa noche maldita, bendije y abracé la maravillosa aparición que se abrió a mis ojos de parpados cerrados. ¡Radiante, divina! Como el ángel que habita los campos del Edén; revestida de un fulgor de blanco candor, se hallaba ante mí, en todo el esplendor de su seductora desnudez. Sus profundos ojos eran dos insondables pozos de dulce condenación, a los que sucumbí sin redención. Abracé las curvas no olvidadas del cuerpo que cruelmente me había sido arrebatado, y sus labios gélidos y pálidos tornaron en fuego y el rojo de la pasión, al encontrarse de nuevo con los tanto tiempo anhelados. Mis dedos fueron rosas de la montaña que acariciaban extasiadas la tersa piel, mis labios fueron osados aventureros que besaban su cuello, sus hombros... deleitándose en la exquisita perfección de pequeños senos coronados en sonrosadas aureolas de pasión, labios sedientos e insaciables que descendieron, acariciando el vello almibarado del valle perdido enquistado en su vientre fugaz e insaciable. Con frenesí de amante desbocado la poseí violentamente, una y otra vez con furor animal, mi miembro horadaba su caverna lujuriosa, y finalmente mi cuerpo mortal y frágil explotó en una cascada de placer sublime e incontenible que derramó en su interior la tibia carga de mi necia inmoralidad. Se que llegado a este punto, y solo con la narración de estos hechos, fruto de mi propia lascivia y debilidad, hubiera sido suficiente para que esos hombres que se proclaman a sí mismos como castos, puros y guardianes de la moral, me hubiesen condenado a las llamas inquisidoras por mi comportamiento, y mi conducta lujuriosa y lasciva, se que la lectura de mi confesión hasta este punto, agitara sus mentes puritanas y disfrazadas de compasión cristiana, sin embargo, no debéis juzgarme por este pecado al que sus voces hipócritas y atrasadas llaman lujuria, y yo simplemente, amor desesperado; pues son los terribles actos que vinieron después, los que me aseguraron un lugar en el infierno de los depravados e inmorales.
domingo 27 de julio de 2008
LA LEYENDA DE ABRAHEL. I
Cuando esta carta sea leída, mi cuerpo ya sin vida, yacerá postrado a los pies de un niño que en su fúnebre lecho y por la expresión serena y tranquila asemeja más estar en los brazos del sueño, que en las garras implacables de la muerte, de no ser por el pálido fulgor de las mejillas yertas y los desvalidos labios, aunque si realmente hay un testigo que de fe de la presencia de la muerte, en ese cuerpo incorrupto, es el hedor nauseabundo y pestilente que desprende. Pues filtrándose a través de los minúsculos poros, a modo de maléfico alambique, se destila el hedor de la tumba, el olor húmedo de la tierra removida, el olor mohíno de los gusanos devorando la carne putrefacta, se huele el aire viciado de la cripta, el hedor maldito de el que regresó de entre los muertos por mi mano inconsciente, y al que ahora por la mano del veneno he de acompañar al infierno. Dejad que mi mano temblorosa os muestre el camino que hasta aquí me ha traído.
Mi nombre es Pierrot, nacido en una pequeña aldea a los pies del río Mosela, donde moran las nobles cigüeñas, tuve una infancia razonablemente feliz aunque pobre, y a temprana edad al igual que mis vecinas cigüeñas, pronto abandoné el hogar para volar libre en sus praderas verdes y frescas, para sentir el aliento gélido de los gigantes que moran ocultos en sus montañas, para gozar de la soledad de sus olvidadas cumbres, y cambiar la compañía mezquina de los hombres por la de las nobles bestias. Pero esa soledad, la soledad del pastor que había erigido en mi forma de vida, lo que antaño era libertad y grato aislamiento, con el paso lento y angustioso de los años se convirtió en una prisión invisible, en la que yo era preso y carcelero al mismo tiempo. Ansiaba la compañía de otra persona con quien compartir los amaneceres y los crepúsculos en estas montañas, una nueva Eva que compartiese conmigo mi pequeña porción del edén, y después de muchos años, mis plegarias fueron escuchadas finalmente. Cada quince días, descendía de mis montañas para abastecerme de víveres y vender los productos que mis animales me proporcionaban, eran visitas breves y nunca se demoraban más allá de una mañana, apenas cruzaba palabra con nadie,ya que los hombres del lugar me parecían brutos y zafios y las mujeres sucias y vulgares, agotaba mis gestiones lo más rápido posible y regresaba a la soledad de mi montaña. Y así fue durante mucho tiempo hasta que un día, cuando la primavera comenzaba a extender sus alas sobre estas tierras, y a despertar con sus melancólicos cantos a las flores del sombrío sueño del invierno, la vi a ella, a la más bella de las flores, y el mundo cambió para siempre en una joven con una belleza sin igual, los hermosos cabellos negros cayendo en rizadas cascadas de seda sobre los hombros delicados de color canela, y los sedientos labios de color carmesí incapaces de contener la nacarada sonrisa, eran lo más hermoso que había visto nunca, tan pura y llena de luz que la luna plena de mi montaña, palidecería aún más cuando la contemplase cogida de mi mano, me acerqué a ella todo lo que pude, ya que se hallaba sentada en la orilla opuesta del río, con la mirada inocente del recién enamorado busqué su mirada magnética, ambos permanecimos callados, sin saber que decirnos o quizás temerosos de que la más mínima palabra rompiese el adictivo hechizo, durante unos breves minutos nos amamos en silencio, y me prometí a mi mismo que aquella joven algún día sería mi esposa. Ella se levantó rápidamente, como un resorte activado por mis pensamientos sus mejillas sonrosadas se turbaron en el color de la vergüenza inocente,y se perdió en la frondosidad del bosque, como una hermosa ninfa extraviada que regresaba al hogar, alcé mi mano suplicante sin poder retenerla y me retiré a las montañas con la imagen de mi amada secuestrada en el recuerdo. Lo que siguió a continuación simplemente lo describiré como los años de la felicidad absoluta, los años en que las nubes de la melancolía nunca anidaron en nuestras altas cumbres, y el amor habitó con nosotros en una humilde cabaña de pastor; pero el amor es cruel a los ojos de quien no lo tiene, y la negra dama solitaria celosa de nuestro amor, asestó su fatal zarpazo. El fatal día que Erika me dejó para siempre como una fatal broma del destino, fue también el día en que nuestro hijo vino al mundo. Me había retrasado por culpa de unas ovejas extraviadas, la noche comenzaba a caer en gruesos goteros de cera negra, y me encontraba de un mal humor que pagaron los animales cuando los hallé, tenía que regresar pronto a casa, mi mujer no se encontraba demasiado bien, estábamos esperando a nuestro primer hijo, y el embarazo se había complicado, Erika tenía fuertes dolores y frecuentes hemorragias, que aun siendo débiles nos causaban gran inquietud. Preocupado apuré más mi paso, y jadeando llegué a las puertas de nuestra cabaña, pero algo iba mal, Erika no salía a recibirme como otras veces nerviosa y asustada, cuando llegaba tarde a casa. Corrí hacía la entrada con todas mis fuerzas temeroso de saber de mi esposa, franqueé el humilde portal y un sollozo se ahogó en mi garganta, viendo a mi mujer ensangrentada y con nuestro hijo recién nacido en brazos, recostada en su lecho funerario amortajada con la guirnalda de la vida, reconocí a la muerte que la reclamaba, me acerqué a mi dulce Erika, y besando su teñida cara de sudor sanguinolento escuché sus últimas palabras:
- Te quiero Pierrot, cuida bien de nuestro hijo, porque yo vivo en él, sé que algún día nos encontraremos y nos amaremos de nuevo, adiós amado mío, adiós. - Y con estas últimas palabras mi esposa exhaló su último suspiro.
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Mi nombre es Pierrot, nacido en una pequeña aldea a los pies del río Mosela, donde moran las nobles cigüeñas, tuve una infancia razonablemente feliz aunque pobre, y a temprana edad al igual que mis vecinas cigüeñas, pronto abandoné el hogar para volar libre en sus praderas verdes y frescas, para sentir el aliento gélido de los gigantes que moran ocultos en sus montañas, para gozar de la soledad de sus olvidadas cumbres, y cambiar la compañía mezquina de los hombres por la de las nobles bestias. Pero esa soledad, la soledad del pastor que había erigido en mi forma de vida, lo que antaño era libertad y grato aislamiento, con el paso lento y angustioso de los años se convirtió en una prisión invisible, en la que yo era preso y carcelero al mismo tiempo. Ansiaba la compañía de otra persona con quien compartir los amaneceres y los crepúsculos en estas montañas, una nueva Eva que compartiese conmigo mi pequeña porción del edén, y después de muchos años, mis plegarias fueron escuchadas finalmente. Cada quince días, descendía de mis montañas para abastecerme de víveres y vender los productos que mis animales me proporcionaban, eran visitas breves y nunca se demoraban más allá de una mañana, apenas cruzaba palabra con nadie,ya que los hombres del lugar me parecían brutos y zafios y las mujeres sucias y vulgares, agotaba mis gestiones lo más rápido posible y regresaba a la soledad de mi montaña. Y así fue durante mucho tiempo hasta que un día, cuando la primavera comenzaba a extender sus alas sobre estas tierras, y a despertar con sus melancólicos cantos a las flores del sombrío sueño del invierno, la vi a ella, a la más bella de las flores, y el mundo cambió para siempre en una joven con una belleza sin igual, los hermosos cabellos negros cayendo en rizadas cascadas de seda sobre los hombros delicados de color canela, y los sedientos labios de color carmesí incapaces de contener la nacarada sonrisa, eran lo más hermoso que había visto nunca, tan pura y llena de luz que la luna plena de mi montaña, palidecería aún más cuando la contemplase cogida de mi mano, me acerqué a ella todo lo que pude, ya que se hallaba sentada en la orilla opuesta del río, con la mirada inocente del recién enamorado busqué su mirada magnética, ambos permanecimos callados, sin saber que decirnos o quizás temerosos de que la más mínima palabra rompiese el adictivo hechizo, durante unos breves minutos nos amamos en silencio, y me prometí a mi mismo que aquella joven algún día sería mi esposa. Ella se levantó rápidamente, como un resorte activado por mis pensamientos sus mejillas sonrosadas se turbaron en el color de la vergüenza inocente,y se perdió en la frondosidad del bosque, como una hermosa ninfa extraviada que regresaba al hogar, alcé mi mano suplicante sin poder retenerla y me retiré a las montañas con la imagen de mi amada secuestrada en el recuerdo. Lo que siguió a continuación simplemente lo describiré como los años de la felicidad absoluta, los años en que las nubes de la melancolía nunca anidaron en nuestras altas cumbres, y el amor habitó con nosotros en una humilde cabaña de pastor; pero el amor es cruel a los ojos de quien no lo tiene, y la negra dama solitaria celosa de nuestro amor, asestó su fatal zarpazo. El fatal día que Erika me dejó para siempre como una fatal broma del destino, fue también el día en que nuestro hijo vino al mundo. Me había retrasado por culpa de unas ovejas extraviadas, la noche comenzaba a caer en gruesos goteros de cera negra, y me encontraba de un mal humor que pagaron los animales cuando los hallé, tenía que regresar pronto a casa, mi mujer no se encontraba demasiado bien, estábamos esperando a nuestro primer hijo, y el embarazo se había complicado, Erika tenía fuertes dolores y frecuentes hemorragias, que aun siendo débiles nos causaban gran inquietud. Preocupado apuré más mi paso, y jadeando llegué a las puertas de nuestra cabaña, pero algo iba mal, Erika no salía a recibirme como otras veces nerviosa y asustada, cuando llegaba tarde a casa. Corrí hacía la entrada con todas mis fuerzas temeroso de saber de mi esposa, franqueé el humilde portal y un sollozo se ahogó en mi garganta, viendo a mi mujer ensangrentada y con nuestro hijo recién nacido en brazos, recostada en su lecho funerario amortajada con la guirnalda de la vida, reconocí a la muerte que la reclamaba, me acerqué a mi dulce Erika, y besando su teñida cara de sudor sanguinolento escuché sus últimas palabras:
- Te quiero Pierrot, cuida bien de nuestro hijo, porque yo vivo en él, sé que algún día nos encontraremos y nos amaremos de nuevo, adiós amado mío, adiós. - Y con estas últimas palabras mi esposa exhaló su último suspiro.
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sábado 19 de julio de 2008
ILUSIÓN ÓPTICA
No he vuelto, y esta en realidad no es una historia sino un sueño. Son las palabras mecidas de la mano de un ser onírico que se resiste a dejar que el olvido ocupe su lugar.
En los reinos de Morfeo su lira desnuda exhala suspiros desesperanzados, que se aferran con uñas curvas en la madera quemada de la pobre alma.
Lloran sus dedos llagados por la lira de cuerdas de plomo y oro,
más no deja de tocar.
Vomitando los sonidos que nacieron con el afilado cuchillo de la traición,
se detienen los sueños derrumbados en un suelo de cenizas y devastación.
Miran hacía atrás con la vista anegada, y observan el camino plagado
de los cadáveres que sus cadenas arrastran.
Sueños muertos del vanidoso que se cree poeta,
son cascadas saladas que caen furiosas
en la espuma de gargantas estruendosas y sollozantes.
Llora miserable, es lo único que te queda, salva tu alma con su condena.
Empuña el cuchillo de mango afilado del cuchillo de la franqueza.
Habla y vive, dispuesto a escuchar sentencia.
Muestra el rostro, despliega el mosaico de sueños rotos.
Desentierra malnacido tu rostro extinguido.
En los reinos de Morfeo su lira desnuda exhala suspiros desesperanzados, que se aferran con uñas curvas en la madera quemada de la pobre alma.
Lloran sus dedos llagados por la lira de cuerdas de plomo y oro,
más no deja de tocar.
Vomitando los sonidos que nacieron con el afilado cuchillo de la traición,
se detienen los sueños derrumbados en un suelo de cenizas y devastación.
Miran hacía atrás con la vista anegada, y observan el camino plagado
de los cadáveres que sus cadenas arrastran.
Sueños muertos del vanidoso que se cree poeta,
son cascadas saladas que caen furiosas
en la espuma de gargantas estruendosas y sollozantes.
Llora miserable, es lo único que te queda, salva tu alma con su condena.
Empuña el cuchillo de mango afilado del cuchillo de la franqueza.
Habla y vive, dispuesto a escuchar sentencia.
Muestra el rostro, despliega el mosaico de sueños rotos.
Desentierra malnacido tu rostro extinguido.
viernes 13 de junio de 2008
Y EL MUNDO SIGUE GIRANDO

Me largo, tengo que esconderme una temporada ¿Cuanto tiempo? A saber, demasiadas cagadas últimamente y encima ¡BANG! Hacienda me persigue, un diablo del pasado los ha invocado con su negligencia y soberbia, se que ha debido de reírse un buen rato, y botella de champan con dos copas a mi costa.¡Olé! Me sumo al brindis aunque con cerveza que es más amarga.
El destino Afganistán, me lo ha recomendado un colega, un tal Osama que conocí en un foro de terroerotismo ¿o era terrorismo?. Lo cierto es que mucho erotismo no vi, solo masacre y violencia sin sentido. Bueno, el caso es que me ha dicho que es muy tranquilo y un buen lugar para esconderse aunque no me fío, estos de hacienda son muy competentes(estoy perdido).
Ya he llenado mi fantástica mochila serigrafíada con una caricatura de Mahoma, con lo imprescindible, mis humillaciones( las propias y las ajenas), mi desgracia, mis miserias y mi pena.¡Ah! Y uno de los mejores discos de los 90, el unplugged de Alice in Chains , que sean vuestros oídos quienes juzguen.
Gracias a todos por haberos dejado caer por aquí en alguna ocasión, vuestras visitas han significado mucho para mí y he pasado grandes momentos en vuestras respectivas tierras. Señores, Señoras alcen su copa conmigo y brindemos entre las velas del teatro de las sombras, por:
ALICE IN CHAINS
DOWN IN A HOLE
Dentro de un Agujero
Entiérrame suavemente en este útero
Te doy esta parte de mí
Llueve arena y aquí estoy sentado
Llevando extrañas flores
En una tumba... en flor
Dentro de un agujero y no se si puedo ser salvado
Mira mi corazón, lo he decorado como una tumba
No entiendes quien pensaron
Que se suponía que debía ser yo
Mírame ahora, un hombre
Que no dejará que sea el mismo.
Dentro de un agujero, perdiendo mi alma
Dentro de un agujero, perdiendo el control
Me gustaría volar,
Pero mis alas me han sido negadas.
Dentro de un agujero y han colocado todas
Las piedras en su sitio.
He comido el sol y mi lengua
ha sido abrasada por el sabor
He sido culpable
de golpearme en los dientes
No hablaré más
de mis indignos sentimientos
Oh, quiero estar dentro de ti
Dentro de un agujero, perdiendo mi alma
Dentro de un agujero, sintiéndome tan pequeño
Dentro de un agujero, perdiendo mi alma
Dentro de un agujero, fuera de control
Me gustaría volar
Pero mis alas me han sido negadas
Gracias, abrazos, hasta pronto, lo siento.
"Mi destino es el país en el que las dosis de olvido se pagan a menos de un euro"
martes 3 de junio de 2008
EN LA MANSIÓN DEL CORAZÓN COBARDE

¿Por qué en tan oscura mansión me hallo? Vagando temeroso por los oscuros pasillos de este lugar tenebroso y sombrío, las telas de araña cubiertas del polvo acumulado durante treinta y tres años flotan en la densa atmósfera de dolor agonizante, mis pisadas marcadas sobre madera polvorienta son solo soplos, suspiros que se borran cuando camino en busca de la salida de este terrible y desolado lugar, la puerta teñida con el barniz de mis manos heridas por las zarzas en busca de la más bella flor, se alza ante mí. Permanece cerrada y no cede a mi frágil empuje, impide mi visión, vela las palabras y oculta los secretos, las señales que se esconden en la fría habitación de una mansión llamada corazón cobarde.Sin embargo las terribles dudas, la terrible incertidumbre y el temor sangrante a añadir más dolor a mi alma, no son capaces de contener mi deseo de ver, de saber, agazapado y con las espaldas dobladas por el peso del mundo cual Atlas de las sombras, observo a través de la antigua cerradura de plata y plomo , y veo una habitación vacía, solo un suelo de brillante madera nuevo e impecable y que tal vez guarde en su interior el implacable hambre de la carcoma y la polilla habitando su nido de adulterio, este suelo es el sustento de los antiguos muebles cubiertos de sábanas blancas y polvorientas a modo de ajados sudarios ,que inquietos y desesperanzados esperan sin mucha fe, el momento de ser descubiertos y usados por nuevos inquilinos que les saquen brillo y devuelvan su antiguo esplendor y el color con el que una vez brillaron ,con las risas y el sabor de los labios. Pero nada sucede, y espero acompañado del sentimiento no deseado del dolor durante interminables segundos que se hacen minutos, los minutos horas y las horas días, y a veces, y solo a veces un viento suave y repleto de un calor que creía que nunca volvería a ver, abre las ventanas y deja penetrar la luz cegadora en el lugar, agita las sábanas polvorientas y deja entrever esos viejos muebles en los que aún brilla un poco de barniz color de miel. Y ansío entrar como un tornado encolerizado y de corazón valiente ¡que arrancando!,¡ y haciendo jirones con mi etéreo brazo los fríos sudarios !, entrego los muebles de mis manos artesanas a la luz que cabalga entre las sombras. Pero temo, temo el dolor y el no ser aquel, temo ser la sombra que engulla esa luz tan especial, la sombra que devore esa luz cuyos rayos una vez me deslumbraron y devolvieron el color a mis labios agrietados, ¡y aparto la mirada que no quiere dejar de mirar!, pues sé que no soy un tornado de corazón bravo, solo soy carne muerta que deslizo mi espalda cenicienta por una puerta cerrada y esconde la cabeza entre las piernas, y de nuevo sollozos por el no ser.
Lloro y espero, sujetando en mis manos el corazón cobarde que teme salir en busca de la llave de plata y plomo que abre la temible puerta.
Corazón cobarde que solo llora, espera,y se alimenta de pobres fantasías.
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